Maquillaje de lunes

Dicen que a mal tiempo buena cara. Yo digo que a mal lunes, maquillaje.

Las ojeras del lunes son épicas. No importa cómo hayas vivido el sábado o el domingo: el lunes pareces picadillo de soya. Te sientes como lo que el troll dejó después de comer y luces como lo que ni el troll quiso comerse.

Si tuviste un fin de semana de gatos es un autoengaño pensar que estarás más dispuesto, luego de las bacanales, para comenzar la semana. Pero no tienes tanta suerte, tu estado de estrujamiento total te delata: infeliz, tienes tremenda cara de lunes.

Algunos creen que lavarse la cara es suficiente, e incluso llegan a pensar que cepillarse los dientes lo resuelve. Pues no: puedes renunciar a la limpieza y al baño, no hay quien te quite el lunes de la cara. Mejor maquíllate y si quieres, no te laves los dientes.

Cubre tus ojeras lunares de crema, base y polvos. Empolva cuidadosamente toda tu cara lunar, sombrea los párpados marchitos, pinta de rojo viernes tu boca de lunes y espera pacientemente a que se asiente todo antes de salir a la calle. Y no te preocupes porque te crean una vedette con tanta pintura. Si alguien pregunta, si tu jefe se molesta o tus alumnos se ríen de ti, explícale a todo el mundo que te disfrazaste de domingo, que ya mañana será lunes.

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No soporto los lunes

Hace unos años leí en una revista un listado de originales despedidas de suicidio. Entre los testamentos políticos, los descargos de culpa, los reproches, las acusaciones, los intentos de consuelo y pequeñísimas y dolorosas joyas como La vie m’est insupportable…de Dalida o la despedida de Virginia Woolf, había una nota sacada de una novela.

“Que no se culpe a nadie de mi muerte” comenzaba con una frase la mar de trillada y de ahí en adelante se volvía surrealista “Estoy aburrido de todos ustedes. Son excelentes personas, gente que no merece mi falta de interés. Me voy porque no puedo ser feliz así. Me la paso tratando de que se den cuenta de cuanto me agobian y aburren, parece que le hablo a la pared. Pero no se sientan culpables. Piensen que es mejor así: ni ustedes se merecen mi indiferencia ni yo me merezco vuestra absoluta vulgaridad”

No sé qué habrá pasado en el resto de la novela a partir de esa nota. No recuerdo siquiera el nombre del libro. Pero supongo que todos hayan tenido reacciones diversas, desde la furia, la decepción y el desconcierto hasta la depresión al enterarse de que Fulano los consideraba tan insufribles que decidió irse al otro barrio antes que seguir compartiendo el aire. Seguro que a partir de ahí venía una buena historia. Porque así es: algunas buenas historias comienzan después de una nota de suicidio. La mía sería explicativa y obvia, diría: es lunes.

Mañana es Lunes

Cuando un día es muy malo siempre me consuelo pensando que por lo menos no es domingo. El día más anticipadamente desdichado de la semana es precisamente el domingo, y no porque amanecer domingo sea malo en sí, sino porque al otro día es lunes.

Sobre la innegable mala calidad del lunes es de mucha ayuda, ya que traslada al domingo, controlable y mermada, la percepción de que el lunes es un mal día. O sea, es más fácil enfrentar un mal día en tu casa, con el baño, la cama y la cocina cerca, que en camino a tu trabajo. Prefiero que el día malo sea el domingo, cuando todavía podemos hacer algo por arreglarlo o podemos dedicarnos durante otras doce horas a la autocompasión y a vivir como los gatos para consolarnos, y no el lunes, cuando no hay solución posible ni tiempo para lamentarse.

Así que el día malo por excelencia para mí siempre será domingo aunque sea miércoles, me lo digo así una y otra y otra vez, como un mantra “mañanaeslunesmañanaeslunesmañanaeslunes”. Ayuda, a menos que en verdad sea domingo. El único día en que decir “mañana es lunes” no es un consuelo, es precisamente el domingo. Por eso voto porque todos los días en los que vaya a pasar algo malo, o triste, o aburrido, o miserable, o vergonzoso, o hiriente, o sucio, o doloroso, o deprimente, sean domingo excepto el verdadero domingo. El domingo no puede pasar nada, salvo que al otro día es lunes. Si no es domingo y el día está siendo una mierda, repitan conmigo: mañana es lunes.

Eclipse total

amaneceres en marcha: luces que transcienden más allá de la muerte

El microwave

Hace media hora se me iba un P1 en la parada. Y yo creía que ya era un comienzo de semana bastante malo. Hasta que recibí un mensaje: “Se nos fueron gunter grass y galeano”.

Debería estar prohibido algo así, que tanta poesía se vaya en un mismo fogonazo es como declarar la noche en todos los rincones del mundo a la vez.

gunter-grass-eduardo-galeano

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en su momento se llamó “La teoría de la Gran Enajenación”



Ella, del lado acá del Malecón

Cuando niña nunca creí mucho en “El otro lado”. Sería que me era más fácil saltar a una dimensión alternativa donde existieran los octópodos dactilados de Fomalhaut o los dragones que pensar en un lugar más allá del Malecón. Tampoco tenía a nadie próximo más allá del Malecón, mi familia paterna era entonces demasiado pequeña para partirse en pedazos, y la materna demasiado vasta y desconocida para saber los rumbos de cada cual.

Así que me inventé mi propia versión de las verdades imposibles de probar. “El otro lado” no existía, el mundo era este, y todas las historias que venían del más allá eran puestas en escena de alta calidad para nosotros, espectadores fieles. Los que venían en planes turísticos eran extras, los altos funcionarios, presidentes, personalidades, artistas y demás VIPs que aparecían en la TV eran actores de reparto con salarios principescos y roles trascendentales, y todos esos familiares, amigos y conocidos que partían temporal o definitivamente, eran actores contratados para jugar en el Performance Gigante un rol de reality show que significara algo especial para la parte del auditorio más cercana afectivamente a ellos y así recapturar la atención de esos que momentáneamente habían desviado los ojos de la pantalla.

Él, del lado allá del Malecón

Nunca comprendí, las explicaciones siempre fueron demasiado confusas y contendientes, así que me desentendí del tema, aunque a cada rato veía noticias, disímilmente interpretadas por demasiada gente que parecía saberlo todo y a la vez no saber nada.

Cuando empecé a estudiar física teórica y leí sobre el modelo de Shrödinger de La Caja de Gato, donde se ilustraba cómo dentro de la caja que aleatoriamente liberaría una partícula responsable de desatar el caos tóxico y letal, el gato tenía idénticas posibilidades de estar vivo, estar muerto o no estar, y fuera de la caja solo se podía teorizar probabilísticamente el estado de gato. Me pareció el mejor modelo para explicar qué pasaba. Era una Caja de Gato de Shrödinger: mientras no entráramos y viéramos con nuestros propios ojos, solo podíamos tener hipótesis groseras de qué pasaba con el gato.

Ella, dentro del agua en Cangrejeras, adivinado alejarse una rápida, sentada en la Terminal 3, siendo testigo en una boda internacional, recibiendo una carta, sacándose un anillo para ponerlo en otro dedo, recibiendo 144 correos entre el diez y el treinta y uno diciembre…

Le dije a tu abuela que todo estaba bien. Cacé a tu perro, que se había vuelto callejero, para devolvérselo a tu madre. Le recordé a tu hermana que mandara la talla de zapatos de tu sobrino. Me senté en el mismo banco de quinta donde nos sentábamos a mirar a la gente correr. Pasé por casa de la tatuadora que te hizo la rayuela con letras griegas en la cadera. Cogí un paquete de espaguetis en el mismo estante donde, cuando fuimos por última vez, había un detergente carísimo que nos hizo protestar (¡Economía de mierda!). Fui a casa de la que era tu novia y hablamos de cuando te caíste del balcón de atrás, borracho, y tuvimos que correr contigo.

Ya no está la cerca donde se te enganchó el anillo del dragón y perdiste el dedo anular para pasar a llamarte “Nuevimedio” y ya no más Maikel, el Rubio. Flaca, el tipo que se moría por ti pesa ahora casi ochenta kilos y está entrando en canas, su hija es idéntica a ti, buscó una mujer que tuviera tus mismos ojos, boca, nariz, cuerpo, y su primogénita tiene tu nombre. Tiñosa, cuando Fukushima explotó nos cagamos de miedo, literalmente, pero cuando tu abuela dijo que no estabas ahí sino casi veinte mil kilómetros distante, respiramos. Chiqui, menos mal que siempre vienes, y seguirás viniendo, pero tengo un secreto para ti: cuando te vas queda un vacío enorme. Cojo, yo sé por qué no viniste a verme, tranquilo, tu secreto está seguro conmigo… y así…

Todos/todas gravitaron al otro lado del Performance Gigante, yo misma puse mi nombre en una planilla de colaboradores en el extranjero y supongo (que el Dios de la Pacotilla y la Necesidad Económica Urgente así lo quiera) que antes de llegar a la edad de Cristo me toque conocer qué hay del otro lado, y tuve que olvidarme de mi fantasía: no puede ser mítico el lugar a donde todos ustedes se fueron y yo me iré. No puede ser mítico el lugar de donde vienes tú…

Él, en un avión, camino a La Caja…

Tengo que ver qué hay dentro, tengo que verlo. Aunque sea para saber que sí hay gatos y todos están vivos. Si he recorrido el mundo y no quedan enigmas de Shrödinger para mí, este no puede serlo. Este lugar aparece en mapas, de este lugar hay fotos, hay imágenes, hay ecos. En este lugar estás tú, y yo tengo que saber que no eres solo letras, que ahí dentro existes.

Ellos, en el Malecón, sentados de espaldas a la ciudad…

… no es un Performance Gigante… el mundo no se acaba en este muro: el mundo empieza aquí…
… no es una trampa Shrödinger, es un lugar, es tu lugar… el mundo no se acababa allá: el mundo empieza aquí…

La visión de la mujer cubana en el programa “Cuando una mujer”

tengo problemas realmente con “Cuando una mujer…” pero acá están detalladitos… sírvanse ustedes mismas

Asamblea Feminista

Por Sophie M. Lavoie*

La Federación de Mujeres Cubanas colabora con el canal Cubavisión en la producción de una serie de programas sobre los problemas de la mujer cubana, de la sociedad, etc. ¡Tremenda oportunidad para hablar del feminismo en Cuba! Bueno, no…

Esta noche (23/02/2015), el programa tenía que ver con los accidentes que pueden ocurrir en la casa, por descuido. Valiosa tarea, ya que hay miles de posibilidades. La locutora, una actriz de telenovela, nos dio la bienvenida a todas y nos habló del tema, sin dar detalles sobre lo que podría tratar.

La representación de las mujeres que se hizo en el programa que siguió fue espantosa, por diversas razones. Compartan conmigo este breve recorrido del programa.

Empieza con una mujer que parece anciana, con sobrepeso y pelo canoso, caminando por la acera, parece tener problemas en las piernas, tiene dificultades para andar. ¿Se va a caer…

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La Isla al revés

un descubrimiento reciente que agradezco mucho: un joven cubano menor de 30 años que piensa lúcidamente

El Gato Verde

Por: Andrés Yunior Gómez Quevedo.

Uno de los libros que más he disfrutado leer ha sido “Patas Arriba: La escuela del mundo al revés” de Eduardo Galeano. A veces lo revisito y me digo, coño, quisiera poder escribir algo así, aunque a estas alturas ya sería pecar de falta de originalidad.

De pronto, a eso de las tres de la mañana en G y 25, con un frío pela narices y un cansancio de tres pares de cojones resultado de una jornada laboral seguida de unas horas de fiesta, me di cuenta de que llevaba más de 40 minutos encallado ahí, no pasaba absolutamente nada que me dejara aunque sea cerca de mi casa, y los taxis a los que les hice señas no iban para mi municipio, sino para donde a ellos les daba la gana.

Los otros dos que estaban en la parada, cuya conversación iba entre lo…

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