Les parapluies de lunedi

Llueve desde las cinco de la mañana y todo el mundo está armado y en pie de guerra. Todos andan con objetos que emulan shinais, nodashis, bokkens. Y los esgrimen del mismo modo letal. Nadie guarda la mínima precaución de apuntar su arma al cielo o al suelo. Será que en este paraíso no hay demandas por sacarle un ojo accidentalmente a alguien.

No estás a salvo: cuando menos te lo esperas te clavan un paraguas en el riñón. Y lo que viene después, si es que viene, son una ripiosas disculpas por una agresión perfectamente evitable: perdóneme, no quise apuñalarla con mi sombrilla. Pero no se preocupe, alguien llamará una ambulancia y seguro que, excepto por ese pequeño hematoma color violeta carnaval y la posible hemorragia interna, usted está perfectamente. Tenga un buen día y no se moje

Te preguntas si es que el coeficiente intelectual colectivo tiende a descender el lunes, que hace a los que no quieren lloviznarse andar por ahí usando sus paraguas como armas de destrucción masiva. Están los que lo llevan bajo el brazo, a metódicos noventa grados con respecto al eje vertical de su cuerpo. Y los que lo portan en diagonal, apuntando al frente, justo al estómago del prójimo mediado o a la cara del prójimo bajito. Luego está quien hace molinetes con él.

Peguen el puto paraguas al cuerpo, apoyen la contera afilada al piso. Vamos, que es lunes y está lloviendo, traten de no empeorarlo más.

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Publicado por

#mañanaeslunes

un pedazo pequeño de todo, hecho de pequeños pedacitos de nada

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